La promesa de cerrar la brecha de género en el mercado laboral mexicano avanza a paso de tortuga. En los últimos 20 años, la diferencia salarial entre hombres y mujeres apenas se ha reducido de un 20% en 2005 a un 14% en 2025, de acuerdo con cifras del Monitor Mujeres en la Economía del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Lejos de desaparecer, esta desigualdad persiste y se profundiza a lo largo de la trayectoria de las trabajadoras debido a tres factores clave: la edad y los cuidados, el nivel educativo y las condiciones laborales.
Para visibilizar y dimensionar esta problemática, el IMCO presentó una nueva sección de brecha salarial dentro de su plataforma, la cual incluye una herramienta interactiva con más de 300 datos y 60 formas de comparar los ingresos entre géneros según características específicas del empleo.
Edad, maternidad y cuidados: el costo invisible.
La brecha salarial no es estática; se ensancha conforme avanza la vida laboral. Comienza en un 11% entre las personas jóvenes y escala hasta casi el 18% en el grupo de 60 años o más, reflejando el impacto acumulado de las responsabilidades familiares y las limitaciones de salud en etapas avanzadas.
Sin embargo, el golpe más duro proviene de la maternidad. Entre las personas sin hijos, las mujeres perciben en promedio 9% menos que los hombres, pero la cifra se duplica hasta alcanzar el 17% cuando hay hijos en el hogar. La combinación de la crianza con jornadas reducidas resulta devastadora para los bolsillos femeninos: entre madres y padres que trabajan a tiempo parcial, la brecha salarial se dispara hasta un 30%. Esto ocurre en un contexto donde el trabajo de tiempo parcial recae desproporcionadamente sobre ellas, afectando al 36% de las mujeres ocupadas frente a solo el 19% de los hombres.
Ni títulos ni posgrados salvan de la desigualdad
Contar con una mayor preparación académica incrementa las probabilidades de acceder a mejores empleos, pero esto no garantiza piso parejo entre hombres y mujeres. De acuerdo con el análisis del IMCO, las mayores brechas salariales se concentran paradójicamente en los extremos educativos: un 22% de diferencia entre quienes tienen primaria o menos y un 25% entre quienes cuentan con un posgrado.
Asimismo, la desigualdad salarial tiende a crecer conforme aumenta el nivel de responsabilidad dentro de las organizaciones. En los puestos operativos y de oficios —tareas que no requieren formación especializada—, la brecha es de apenas 6%; sin embargo, esta cifra salta drásticamente hasta alcanzar el 26% en los puestos de supervisión operativa. Para quienes se concentran en empleos operativos y de oficios básicos bajo la modalidad de tiempo parcial, la brecha de ingresos llega a ensancharse hasta un 40%.
Informalidad y precariedad laboral
Las condiciones en las que se labora determinan el tamaño de la brecha. La informalidad actúa como un multiplicador de la desigualdad: las mujeres en la economía informal perciben un 20% menos que los hombres, una cifra superior al 13% registrado en el sector formal.
Del mismo modo, la duración de la jornada incide de forma directa. La brecha salarial pasa del 13.5% en empleos de tiempo completo al 22.4% en los puestos de tiempo parcial.
Ante este panorama, el IMCO subraya que contar con datos oportunos y herramientas analíticas detalladas es indispensable para dimensionar dónde se profundiza la desigualdad salarial y, con ello, orientar políticas públicas y empresariales más efectivas que garanticen una auténtica equidad de género en el mercado de trabajo mexicano.

